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Versión estenográfica del mensaje de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República, durante la iluminación de las instalaciones del Senado con motivo del “Día Internacional de la Memoria Trans”.

 

Buenas noches.

 

Hace frío, ¿verdad? Pero ya vamos a terminar.

 

Muchas gracias a todas, a todas y a todes, quienes nos honran hoy con su presencia esta noche.

 

Agradezco a la generosidad de compartir este espacio, a la invitación que me ha hecho mi querida compañera, la senadora Pati Mercado. Y le digo Pati, porque la quiero mucho, por invitarme a este acto.

 

Y también saludo con mucho respeto a Ari Muñoz, a Luisa Martínez, a Jessica, a Natalia, y también saludo a Johan Fernández por estar aquí en el Senado, pero sobre todo por estar siempre del lado de la justicia, de la lucha, de la búsqueda incesante de la libertad.

 

Querida diputada, diputade. Muchas gracias.

 

El año pasado, el odio, la violencia y el suicidio, truncaron trágicamente la vida de cientos de personas trans en todo el mundo.

 

En nuestro país, los números ni siquiera son claros; y, aunque lo fueran, difícilmente reflejan el dolor, la rabia e injusticia que entrañan este tipo de violencia.

 

Días como hoy, me generan sentimientos y pensamientos encontrados, pues, por un lado, estos actos son poderosos por su capacidad de generar un sentido colectivo de fuerza y conciencia, de comprensión e incluso de orgullo.

 

Pero también son la ocasión para reconocer que vivimos en una sociedad de dobles y hasta triples morales, donde se redactan leyes, se instauran conmemoraciones y se crean eslogan virtuales, pero que no dejan de ser hostiles, excluyentes, opresoras y asesinas de quienes osan salirse de la rayita.

 

De quienes no caben en los estrechos espacios de la frívola expectativa social.

 

En un mundo en el que las violencias hacia las disidencias sexuales y de género sólo se han agudizado con los años, cada vida trans es un indisciplinado milagro; pero que no queremos que sea milagro.

 

No queremos que sea el jilguero que resiste todo azote a toda ola. Queremos el cambio, aliarnos para resistir a aquellos que les deshumanizan y para contribuir a garantizar que todas y cada una de las personas trans y de género diverso puedan llevar una vida segura, plena y feliz.

 

Hoy, le recordamos al mundo que continuaremos resistiendo y desafiando los sistemas opresivos, hasta que los derechos y las vidas de las personas trans y de género diverso se respeten en todas partes.

 

En nombre de las y los senadores de la República, nos unimos, sí, para recordar y llorar a quienes han perdido la vida y han sido víctimas de violencias atroces; pero también, en nombre de esta institución, reconozco que nuestro trabajo tiene que dar mucho más de sí que sólo alumbrar edificios.

 

Tenemos que escribir la legislación que garantice los derechos de las personas trans.

 

Estamos obligados a despojarnos del velo de la ignorancia y pugnar por la creación de entornos que prioricen la humanidad, la seguridad y la dignidad de las personas trans.

 

Reconocer, garantizar y luchar por todos los derechos de las personas trans, no puede ser una labor sujeta a ideologías, atavismos ni cálculos electorales; se trata de resistir con todas nuestras fuerzas los embates del movimiento anti-género y el crecimiento de posturas contra la igualdad de género y la salud y los derechos sexuales y reproductivos en todo nuestro Estado de derecho, en todo nuestro país.

 

Esa será nuestra verdadera contribución a la justicia: resistir desde el parlamento y crear las medidas que hagan su parte para derribar la violencia, la discriminación social, la mala salud, las dificultades económicas, el desempleo y, en general, la infame falta de acceso a derechos de las personas trans.

 

Es un privilegio estar aquí con ustedes conectando con otras vigilias en todo el país y en todo el mundo, para condenar el odio, los prejuicios y la violencia contra las personas trans.

 

Queremos que este acto simbólico sea un homenaje de acompañamiento, solidaridad y compromiso que transforme y trascienda.

 

Que esta noche el duelo y la memoria de nuestras voluntades y corazones se una.

 

Termino con un pequeño extracto del poema de Léa García: “Hemos de hablar algún día, las mujeres de la ternura. Lloremos la ternura cuando exponemos nuestros ojos frente a los que nos dijeron que no existía y, de pronto, existe y resiste. Se siente, se acaricia, se abraza, se honra, se recuerda, se encarna, rasga, pesa, desnuda, golpea, pero transforma y trasciende”.

 

Hace un minuto le pregunté a la senadora Pati Mercado, cuando escuché las narrativas, anterior a mi participación, y le pregunté: ¿Por qué los seres humanos somos tan prejuiciosos? ¿Por qué no entendemos que el amor es como es?

 

Si en el mundo amáramos más y odiáramos menos, este mundo sería perfecto.

 

La imperfección está en nuestros prejuicios, en la discriminación, en la separación que hacemos con los que son distintos.

 

¿Distintos a quién?

 

Quizá nos da miedo; y el miedo que nos da, quizá es que, en esa diferencia, sean mejores seres humanos que quienes nos decimos “normales”.

 

Lo normal es amar, amar sin mirar a quién.

 

El amor es universal.

 

Y hoy, más allá del duelo, que viva el amor y que viva la diversidad.

 

Muchas gracias.