plg_search_media
Search - EDocman
Buscar - Categorías
Buscar - Contactos
Buscar - Contenido
Buscar - Canales electrónicos
Buscar - Etiquetas

Versión estenográfica del mensaje de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República, en la Inauguración del Segundo Congreso Internacional en Evaluación de Impacto Legislativo.  

Muchas gracias. 

 

Buenos días a todas, a todos.  

 

Saludo con mucho respeto a este presídium, que por supuesto merece una mención especial, sobre todo la acción, ¿para qué hemos sido convocados? Hacer una evaluación del trabajo parlamentario.  

 

¿Estamos cumpliendo los legisladores? ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestro trabajo?  

 

Creo, senador Gilberto, que usted como un conocedor de que todo debe tener ciencia, desarrollo, evaluación y mejoras; es parte de un proyecto que a todos nos compromete. Muchas gracias por la invitación, estoy aquí sobre todo por la invitación que usted amablemente me ha hecho, querido amigo, respetado académico. 

 

Así como al Instituto Belisario Domínguez, al Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques, a la Universidad Autónoma de Querétaro; en representación aquí con el rector. A la Benemérita Universidad de Oaxaca, también. 

 

Saludo por supuesto a Olegaria, una gran compañera de lucha, hace más de diez años nos conocemos. 

 

Senador Añorve, muchas gracias por su consideración. 

 

Saludo con afecto a todas y todos los que participan en este ciclo de Conferencias, todas ellas con una enorme experiencia en temas que nos hacen reflexionar.  

 

Hace unos días, precisamente, estamos a unos meses de que concluya este Periodo Legislativo, y los primeros seis años de un proceso en México que está impulsando una transformación de la vida pública; y reflexionaba con mi equipo de trabajo; ¿cuáles son los desafíos que estamos enfrentando en las Cámaras, la de Diputados, la de Senadores, en este último tramo de la Legislatura? 

 

Y miren ustedes, van desde el inevitable impacto del clima electoral, que ya en los trabajos parlamentarios lo encontramos todos los días; hasta la desbocada carga de pendientes que aún no han sido procesados y para las que ya el tiempo es apremiante. 

 

Si bien hay acuerdos continuos entre el Senado y la Cámara de Diputados, para priorizar los asuntos que habremos de abordar en esta fase conclusiva; el volumen de temas que probablemente quedarán pendientes son muchísimos.  

 

Además de esta reflexión, tenemos nosotros que concretar que reformas institucionales de mediano y largo plazo que podrían haber contribuido a la mejora de nuestra sociedad en nuestro país; muchas quedarán pendientes. Hay una agenda que consolidamos, pero no toda. 

 

En este año, el propio Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, levantó una encuesta que entre muchas cosas interesantes reveló que poco más de la población, o sea el 54 por ciento, no confía en las senadoras ni en los senadores, percepción que no se ha modificado en el último trienio. 

 

En términos de aprobación, el 47 por ciento aprueba mucho o poco la forma en que las y los senadores realizan su trabajo; mientras que 41 por ciento lo desaprueba, mucho o poco. Es decir, las y los mexicanos siguen valorando el propósito del Senado, pero en la práctica no se aprueba su funcionamiento. 

 

De ahí que la ciudadanía demande que las y los legisladores realicen mejor su trabajo, sean más honestos y que se acerquen más a la gente para cambiar la percepción negativa que tienen ellos de nosotros. 

 

Hay mucha gente, y eso lo comento como una parte de la experiencia que tenemos, que piensa que los senadores solamente acudimos a la gente cuando necesitamos el voto, que los políticos solamente nos acercamos cuando queremos el voto. Y que una vez que llegamos a los espacios de representación, no regresamos con ellos. 

 

Allá abajo, allá afuera, la gente piensa que los legisladores somos visibles si hacemos obras; muy poco analizan el trabajo realmente que hace un legislador. Hay una gran desinformación de la ciudadanía en general, de la división de poderes. 

 

Entonces, si el legislador no hace obras, no está haciendo nada. Y si no nos acercamos a hacer reuniones cercanas con la gente, para informarles de nuestro trabajo, no a través solamente de propaganda, de volantes. No, acercarnos a las secciones electorales, a las comunidades, a la sociedad en general. 

 

No valoran el trabajo que hemos realizado en este momento, y se los decimos con mucha honestidad: no descansamos un solo día, hemos aprobado más de 60 reformas a la Constitución y la gente no valora el trabajo que hacemos las y los legisladores. 

 

La ciencia política ha ofrecido diversas explicaciones sobre la debilidad del vínculo entre las y los representantes y sus representados; pero una de las razones coincidentes es la percepción sobre su forma de trabajo. 

 

En esta categoría de poca efectividad legislativa, se ha contribuido significativamente a ahondar la idea de que las y los legisladores trabajan poco y cuando lo hacen, su aportación al bienestar nacional es apenas marginal.  

 

En un primer momento, es posible advertir que la falta de efectividad legislativa es un vicio común de las asambleas representativas contemporáneas; cuya causa se le atribuye en general a la inefectividad de los procesos técnicos y políticos a nivel de Comisiones.  

 

Sin embargo, al mirar con mayor profundidad la dinámica parlamentaria, se revela un problema mayúsculo, el de la hiperinflación legislativa o como lo llamó Fix Zamudio, “el asentamiento de la era del legislador motorizado”; “del mundo desbocado de leyes”, como lo calificó Eduardo García; “de contaminación legislativa”, según Antonio Martino; o “del desbordamiento de las fuentes del derecho”, en palabras de Antonio Pérez Luño. 

 

Y es que, al menos en México, la pluralidad política en las Cámaras, trajo consigo una mayor participación de las y los legisladores a través de la presentación de iniciativas que muestran posturas distintas y enriquecedoras a las promovidas por el Gobierno en turno. 

 

No obstante, ese aspecto positivo ha tenido como contrapartida que más de las veces el desbocado número de propuestas no hacen, sino sumar un mundo normativamente más complicado; dado que hoy un número inusual de proyectos de iniciativas atienden a criterios inmediatistas, coyunturales y mediáticos, muchas veces en función de aspectos políticos y de requerimientos de momento. 

 

El carácter motorizado del Poder Legislativo provoca un aumento desmedido de iniciativas que, por su lógica inmediatez, suele afectar la calidad de los proyectos, ya sea porque contiene moderadas o serias deficiencias en el planteamiento del problema y en el diagnóstico, para la atención de la situación a legislar; porque se alienta la presentación de iniciativas sobre problemáticas no esenciales o urgentes y sin un diagnóstico adecuado ni con suficiente técnica legislativa o porque dan pie a la focalización en problemas transitorio de índole social, político o económico, que se superan antes de su resolución en comisiones, sobre todo en el caso de las proposiciones con punto de acuerdo. 

 

El escenario es complejo, el análisis, necesario. Y eventos como este, donde ustedes han propiciado una discusión que seguramente nos dejará grandes lecciones; más que nunca oportuno. 

 

Muchas gracias. 

 

Felicitaciones. Enhorabuena, que sea exitosa esta serie de conferencias. 

 

Muchas gracias.