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Versión estenográfica de la participación de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República, en la inauguración del evento con motivo de la Conmemoración del 70 Aniversario del Voto de las Mujeres, realizado en el Senado de la República. 


 

Muchas gracias. 

 

Muy buenas tardes a todas y todos. Saludo con respeto, admiración y cariño a todo el presídium. 

 

Pero también a todos y a todas las que nos escuchan del otro lado del presídium, sobre todo con amor y respeto a quienes nos escuchan y nos ven más allá de los umbrales de esta gran Tribuna que representa el Senado de la República, mexicanas valiosas trabajadoras y mexicanos que nos acompañan también. 

 

¿Por qué estamos hoy conmemorando 70 años del voto femenino? Porque es el momento idóneo para hacer una reflexión: ¿qué hemos hecho y qué nos falta por hacer? 

 

Sería muy frívolo y muy banal solamente conmemorar y festejar a quienes hoy ocupamos un espacio, gracias a la lucha de otras. Porque si estamos aquí es por las que lucharon antes de nosotras; por las que luchan y por las que lucharán. 

 

Si estamos aquí es por lo que fuimos, es por lo que somos y es por lo que queremos ser. 

 

Decía Simone de Beauvoir, una de las más grandes feministas de la historia mundial: “las mujeres no nacen, las mujeres se hacen”, ¿cómo se hace una mujer en un entorno cultural patriarcal tan feroz, tan radical como el que nos ha tocado vivir a todas las mujeres de todas las generaciones? 

 

Decía una gran poeta nicaragüense, Gioconda Belli: “nosotras no decidimos dónde nacer”. Nuestro origen social no lo determinamos, pero ahí están las brechas de desigualdad más grandes. 

 

Nosotras no decidimos en qué país nacer y ahí están las brechas de desigualdad institucionales y políticas, no es lo mismo luchar en México que luchar en algún país musulmán. Nosotras acabamos de regresar de la India, mi querida compañera diputada Marcela y yo, y quiero decirles que la realidad de otras mujeres cuando salimos de nuestras fronteras, nos habla de lo mucho que tenemos que hacer por las mujeres del mundo. 

 

Dice Gioconda Belli: “nosotras no decidimos en qué momento nacer”, pero este es nuestro momento. Somos las mujeres de este tiempo y estas mujeres de este tiempo, que en México tenemos el derecho al ejercicio del poder en paridad, tenemos una responsabilidad enorme. No podemos sentarnos a festejar solamente con discursos, porque ahí la cultura patriarcal sigue acechándonos en cada espacio al que llegamos. 

 

No por haber tenido ya el derecho a la paridad se ejerce la paridad en el poder.  

 

Miren, aquí en el Senado somos la mitad hombres, la mitad mujeres; pero para pelear los espacios en las comisiones, las más importantes, es una bronca. Ya llegamos a ser ahora presidentas, pero para que nos den el poder de decidir y controlar nuestras Cámaras, el manejar los recursos, es otra bronca, compañeras. 

 

Es que nos ponen de secretarias, pero nos quitan las facultades. No somos florero, no somos adorno, tenemos que ejercer el poder en plenitud cueste lo que cueste; porque de nada serviría la paridad si la desilusión del ejercicio en el poder en las mujeres, la sociedad lo califica como frívolo, como insignificante. 

 

¿Qué significa ser senadora de la paridad? Ser una mujer que represente más allá de los partidos políticos, las necesidades de todas las mujeres de todas las clases sociales de México y que salgamos de nuestro país y seamos un ejemplo por la congruencia, en las causas en la lucha. 

 

Tenemos mucho por hacer, mucho todavía por hacer. 

 

Y entonces, quiero referirme a lo que Gioconda Belli decía, porque yo no decidí mi origen, pero mi origen me obligo a romper… yo no sabía que se llamaban “techos de cristal”; yo sabía que se llamaba “discriminación”: cómo eres físicamente, cómo te vistes, de qué marca es la ropa, a qué escuela fuiste, dónde estudiaste. Todos esos valores sociales que van dejando muy atrás a muchas mujeres de nuestro país.  

 

No decidí mi origen, pero sí decidí que tengo que regresar por las como yo, porque si llegué aquí es por ellas y no voy a avanzar sin ellas. Por eso es importante siempre recordar de dónde vinimos. 

 

Cuando Gioconda Belli nos dice: “no decidimos el tiempo en que nos tocó nacer”. Yo contesto: “sí nos toca a nosotras una historia que construir y de amor qué concluir, porque si en algo tiene que caracterizar a las mujeres que ejercen la paridad en el poder, de todos los partidos políticos de aquí en adelante, tiene que ser el humanismo”. 

 

Las mujeres tenemos que dirigir y gobernar con la cabeza, con el corazón y con el carácter, porque si no juntamos las tres terminamos siendo manipulables incluso por aquel que dice que nos ama. 

 

Tenemos que estar siempre firmes, de dónde estamos, de quiénes somos, lo que representamos y para dónde vamos. Y eso quiere decir rechazar privilegios y la parafernalia del poder. 

 

Queridas amigas, amigos: Miren, espero no aburrirlos, voy a tratar de ser breve, porque yo quisiera decirles tanto, no a ustedes, ustedes tienen todo qué enseñarme, pero a las mujeres que están allá del otro lado de las cámaras y que quizá una que otra pudiera estarnos escuchando. 

 

Yo he peleado mucho para estar donde estoy; nada ha sido fácil para mí. Pero cuando llegué al Senado y logré que por primera vez en 200 años un tlaxcalteca pudiera presidir el Senado de la República, quiero decirles que cuando me han dicho cuál es el reto más grande que he tenido que enfrentar: el miedo. El miedo a ejercer el poder y no equivocarme. 

 

Porque de aquí en adelante todo lo que digas y todo lo que hagas es para que digan: “te lo merecías o no te lo merecías. Lo hiciste bien o lo hiciste mal”. 

 

¿Pero saben qué fue lo que más terror me dio de estar en la presidencia del Senado? La simulación y la hipocresía, que es atractiva para el poder; la frivolidad, el sometimiento, la subordinación. 

 

Hacía unos meses era y una, en cuanto fui Presidenta ya era otra. Eso no lo soporto y eso lo rechazo. Y la gente que en el Senado sabe: yo no tengo chofer, yo no tengo guardaespaldas, yo no tengo servidumbre, yo camino sola, detesto que me anden siguiendo por todos lados, a menos que sea para difundir el trabajo que hago, porque si algo debe caracterizarnos a quienes hoy ejercemos el poder es la humildad, al servicio de la gente, al servicio de los más pobres, al servicio de las mujeres que en mayor desigualdad caminan por México. Así debemos caminar. 

 

Y, entonces no se los digo con poses faltas. Yo no tengo servidumbre en su pobre casa, vivo en una casa muy sencilla, porque debo entender algo y lo debo ejercer todo el tiempo: en la medida que uno se aleja de donde nace, se olvida para lo que llegaste. Y el poder embriaga, y el poder corrompe, y el poder hace ciegos a los que antes veían. 

 

Hoy, las mujeres en el poder no debemos olvidar que antes de nosotras las que lucharon no estuvieron aquí, pero si hubieran estado, ¿qué hubieran hecho? 

 

Hay que ir por las que no están aquí; por las trans, por las mujeres que en la diversidad pelean todavía sus derechos; hay que ir por las niñas y por los niños que en la trata siguen siendo explotados sin misericordia. La simulación de la corrupción, eso no lo podemos seguir permitiendo. 

 

Tenemos que ir por acabar con las brechas salariales. No puede ser que en el mismo trabajo sigamos ganando menos. 

 

Tenemos que ir por la Ley de Cuidados. No es justo, por mucho que amemos a nuestra familia, que los enfermos, las personas con discapacidad o con capacidades diferentes, los abuelitos, sea una cuestión natural que sea la mujer la que los tenga que cuidar. 

 

Y si en una familia y cinco hermanos la hermana se queda con el trabajo y los hermanos son los que se quedan con el discurso, con la herencia y con el pleito por las propiedades. Eso no debe seguir siendo así. 

 

Tenemos que ir por una Ley de Cuidados porque esa es para todas; para todas. Y, por supuesto, profundizar la democracia; que, a las regidurías, a las presidencias, a las diputaciones, a las senadurías, lleguen las más preparadas, las más capaces, las mujeres que se merezcan esos espacios, y eso todos los partidos políticos lo tenemos que facturar todavía como una deuda. 

 

No se vale los privilegios. Que sean hermano, cuñado, esposa. Se tienen que acabar los privilegios para que la verdadera representación de las mujeres llegue a los espacios de la paridad. 

 

Representadas en ese sentido, vale la pena decir hoy, a 70 años de la lucha para que las mujeres pudiéramos tener ciudadanía, hagámosla plena. 

 

¡Que viva la ciudadanía plena de las mujeres mexicanas1 ¡Que viva la democracia paritaria!¡Y que vivan las mujeres de México y del mundo! 

 

Muchas gracias. 

 

Yo les pido, si somos tan amables de ponernos de pie todas y todos. 

 

Siendo las 12:30 del 23 de octubre de 2023, declaro inaugurados los trabaos del 70 Aniversario de Voto de las Mujeres. 

 

Muchas gracias y felicidades a todas y todos.