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Versión estenográfica de la participación del senador Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, en la Ceremonia Solemne para develar la inscripción, en letras doradas, de la leyenda: 2021 “Año del bicentenario de la Independencia de México”. 

 

Ciudadano Presidente. 

 

Ciudadanos legisladores, legisladoras: 

 

Hoy, por acuerdo de este Pleno, vamos a develar la inscripción 2021 Año del Bicentenario de la Independencia de México. Y también recordaremos, con esta inscripción, cómo después de una reunión extraordinaria, celebrada por las autoridades y vecinos de Comitán, el 28 de agosto de 1821, se declaró como adhesión al Plan de Iguala e inició su independencia este extraordinario lugar y entidad federativa. 

 

Quiero expresarle a nombre del Grupo Parlamentario de Morena, el reconocimiento pleno al Presidente de la Mesa Directiva, a nuestro compañero Eduardo Ramírez, porque en efecto, como Presidente de la Mesa Directiva supo conducir nuestros debates con altura, con dignidad, con pluralidad y con decoro. 

 

Eduardo Ramírez ha sido un buen parlamentario, ha sido un buen político, ha sido un buen legislador y es un buen amigo de todos y de todas. 

 

Pero recordemos la historia, por cierto hoy voy a hablar de Apatzingán. Tengo desde hace muchos años, por enseñanzas de dos grandes maestros, José Luis Lamadrid Suaza y Trino, Trinidad, que fue ministro de la Corte; me enseñaron a no leer en los discursos que pronunciara en el Parlamento, desde 1988. 

 

Y, trato de no hacerlo, pero en ocasiones también tengo errores, porque todo lo memorizo o intento hacerlo, y por esa razón Apatzingán, del estado de Michoacán, que sufre momentos angustiantes, fue la cuna de la primera Constitución de América, en 1814, con los Sentimientos de la Nación, de Morelos. 

 

Ya desde antes, en 1813, los elementos de Rayón se habían publicitado y que era el inicio del proceso de independencia y del inicio de la etapa federalista en México. 

 

México retoma los principios de la Constitución norteamericana, cuando fundan las 13 colonias, en 1787, que en esos momentos se estaba desatando la toma de la Bastilla; que más tarde da origen a la Revolución Francesa de 1789. 

 

Y, que inspiró el pensamiento francés, los grandes enciclopedistas: Montesquieu, Diderot, Robespierre, a las constituciones modernas del México actual. 

 

Por esa razón, México estaba en ese proceso de discusión y Chiapas, este extraordinario estado, símbolo de la mexicanidad y símbolo de la libertad, iniciaba separarse y a romper las cadenas de la dependencia con el imperio y con Guatemala. 

 

Era una época de grandes hombres y mujeres, de pensamientos independentistas, por eso 1814 en Apatzingán, se escribe la historia moderna de México, del México contemporáneo. 

 

Más tarde, en 1824, se promulga la primer Constitución Mexicana que realmente se aplica en nuestro país. Y al redactarla, lo hacen con un espíritu profundamente federalista, retomando los principios de la teoría de Montesquieu, que en ese momento oscilaba por todo el mundo de declararse federalista con tres sistemas de gobierno o tres Poderes de la Unión indivisibles en la teoría de Montesquieu concebidas como resortes que no podrían inmiscuirse en sus funciones; pero que tampoco podían desequilibrar al sistema de gobierno sino que eran contrapesos y equilibrios para poder ejercer un buen gobierno de la nación. 

 

Luego, en 1836, con la influencia de un grupo de conservadores encabezados por un extraordinario historiador Lucas Alamán, se dio paso a la primer Constitución centralista que México ha tenido en su historia, las siete leyes de 1836. En donde, por vez primera y por única ocasión, se establece el supremo poder conservador que estaba ubicado por encima de los tres poderes que la Constitución del 24 había diseñado: El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.  

 

Duró hasta el 57 esta Constitución centralista o conservadora.  

 

Esta Constitución fue derogada por el Movimiento Liberal en 1857, para mí la Constitución que aún heredamos con las adiciones de 1917.  

 

El 57 quizá sea la etapa de oro del México moderno. Es donde las mentes más brillantes liberales surgieron, y es donde se inician a recuperar un Estado federalista con aportaciones de grandes hombres teóricos e ideólogos, Juárez fue uno de ellos; pero hubo una pléyade de hombres extraordinarios del 57 hasta el 74. 

 

Recuerden ustedes, por cierto, que en el 57, se suprime el Senado de la República, porque la Cámara de Senadores se consideraba como una Cámara aristocrática, representante de los intereses económicos y de la nobleza; y se suprime para dar paso a un sistema unicameral por única vez en la historia.  

 

La Cámara se restablece en 1874, por una reforma de Lerdo de Tejada.  

 

Por eso ahora que estamos recordando la historia y los antecedentes, es justo expresar un reconocimiento al estado de Chiapas; y me alegra que el autor de esta iniciativa sea precisamente el legislador Eduardo Ramírez.  

 

Porque estamos en el propio salón, en el salón de sesiones donde sesionamos cotidianamente, franqueados por dos grandes figuras históricas: el siervo de la nación, José María Morelos y Pavón, y Belisario Domínguez, de Comitán. Un hombre digno que supo elevar la voz y que le costó la vida en la Decena Trágica, con el asesinato cobarde de Francisco I. Madero. 

 

La única voz que se levantó en ese momento en esta tribuna, fue la del senador Belisario Domínguez, y es honor a quien honor merece. 

 

Por esa razón, celebramos el que hoy se inscriban en letras doradas estas dos grandes frases. 

 

En efecto, es un homenaje a héroes y a heroínas que han construido la historia de nuestro país. 200 años después, intentamos hacerles justicia.  

 

¡Que viva Chiapas! 

 

¡Que viva México! 

 

¡Que viva el federalismo!