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Número - 340

  • Esta tecnología puede resolver problemas como la desigualdad y la crisis climática: Alejandra Lagunes.  

 

Abrir el debate sobre la regulación de la inteligencia artificial en materia de propiedad intelectual y derechos de autor, es uno de los retos para proteger a los creadores de bienes o servicios ante el avance de esta tecnología, afirmó la senadora Alejandra Lagunes Soto Ruíz.  

 

Durante la inauguración del foro “La imagen, personalidad y ética de la sociedad ante la inteligencia artificial”, la legisladora del PVEM refirió que en Estados Unidos, el Tribunal Supremo dictaminó que las obras artísticas creadas con inteligencia no están protegidas por la ley de derechos de autor. 

 

En China, la legislación sobre propiedad intelectual establece que dichas obras si están protegidas y los artistas tienen el derecho de reclamar la propiedad intelectual; mientras que en Japón, además de estar protegidas por derechos de autor, los artistas pueden demandar a otros, si una obra hecha con inteligencia artificial está basada en su trabajo.  

 

En ese contexto, Alejandra Lagunes destacó que esta innovación puede ser el “copiloto de la humanidad” para resolver problemas como la desigualdad, la crisis climática, la inequidad, entre otros, pero se requiere la colaboración de todos los actores involucrados en la toma de decisiones, con una visión ética.  

 

Subrayó que con los avances científicos hemos enfrentado muchos dilemas como la clonación, las armas biológicas y armas nucleares; en el caso de la inteligencia artificial “una pregunta ética no es a dónde podemos llegar con la tecnología, es hasta dónde queremos que la tecnología llegue”, pero, sobre todo, tener el control de estas herramientas.  

 

La inteligencia artificial, dijo, llegó en un momento en el que estamos viviendo una crisis climática y una crisis de salud mental importante. Y me parece que la respuesta es regresar a saber quiénes somos como humanidad y entender qué es lo que nos hace únicos, “esa chispa divina que nos diferencia de las máquinas es regresar a trabajar en común unidad”.  

 

Agregó que los creadores de esta herramienta plantean que para 2045 llegará la singularidad, que es el punto en el que las máquinas puedan sobrepasar al humano, porque están en constante aprendizaje, y pueden llegar a corregirse e, incluso, hacer nuevas máquinas con capacidades mayores que las personas, por lo que se debe trabajar en la regulación.  

 

La presidenta de la Comisión de Cultura, Susana Harp Iturribarría, afirmó que hay un dilema ético sobre la regulación de estas tecnologías y se debe identificar hasta dónde se está ejerciendo una libertad o en qué punto se vulneran los derechos de alguien. 

 

Por ello, consideró indispensable escuchar a los involucrados, pues se trata de un asunto multidisciplinario en el que la sociedad está inmersa. 

 

Por su parte, José Elías Moreno, presidente de la Asociación Nacional de Interpretes, dijo que México es referente en la creación de contenido audiovisual y de fonograma, y las innovaciones tecnológicas están presentes en estas actividades, por lo que es necesario contar con una legislación en materia de derecho de autor, propiedad intelectual y no dejar desprotegidos a los intérpretes.  

 

Dijo que es necesario resolver los desafíos de la inteligencia artificial y eso sólo podrá hacerse con estudio, análisis y propuestas de todos los sectores, pero principalmente, de escuchar a todos los seres humanos, encontrar la mejor regulación de las prácticas digitales y hacer uso de éstas, sin que se vulneren los derechos de nadie. 

 

Jorge Hidalgo Toledo, coordinador del posgrado de Comunicación de la Universidad Anáhuac, recordó que la inteligencia artificial es un sistema complejo que trata de imitar la inteligencia, los sentimientos, actitudes y razonamientos de los humanos, a través de softwares, hardware, implantaciones de chips, prótesis, entre otros.  

 

Dijo que con el uso de estas herramientas se pone en riesgo el verificar la veracidad de contenido, el derecho a la privacidad, intimidad, la personalidad y la imagen, por lo que es necesario no dejar en manos de plataformas tecnológicas la responsabilidad de proteger estos derechos, sino sumarse a la discusión y contribuir a las soluciones.