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Versión estenográfica del discurso de la senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República, luego de tomar protesta como nueva presidenta de la Mesa Directiva

 

Compañeras senadoras y compañeros senadores, pueblo de México; hoy recibo con profunda emoción y sincera gratitud el voto de confianza que me han otorgado para asumir esta gran responsabilidad como presidenta de la Mesa Directiva de nuestra Honorable Cámara de Senadores.

 

Asumo esta encomienda como un mandato pleno con la certeza de que tal como lo establece nuestra ley, me debo al Pleno, y lo hago con la decisión de poner toda mi capacidad, toda mi experiencia, y toda mi convicción democrática al servicio del buen funcionamiento de esta asamblea.

 

Quiero expresar mi agradecimiento más sincero al respaldo de los coordinadores parlamentarios, así como de todas y todos quienes integran esta Cámara. De manera especial reconozco el apoyo de los senadores: Adán Augusto López, Ricardo Anaya, Manuel Añorve, Manuel Velasco, Alberto Anaya y Clemente Castañeda, y extiendo también mi gratitud a Gerardo Fernández Noroña por su confianza y acompañamiento.

 

Este honor que hoy me confieren lo asumo con responsabilidad plena y con un compromiso inquebrantable: servir a México, servirlo fortaleciendo con respeto, con altura de miras, y con unidad el trabajo legislativo que nuestra nación espera de nosotras y nosotros.

 

Hace dos siglos en esta misma tierra resonó por primera vez la voz de un Senado decidido a forjar la República, desde entonces nuestra historia ha sido un largo camino de lucha, perseverancia, y esperanza.

 

Esa historia la ha escrito el pueblo mexicano, mujeres y hombres que jamás cedieron, que se mantuvieron de pie ante la adversidad y que supieron organizarse para transformar su destino.

 

Mi gratitud es para las mujeres y hombres libres de ayer y de hoy, para quienes en el presente con fe inquebrantable creyeron en un proyecto de nación forjado con las manos del pueblo. Un proyecto que encontró en Andrés Manuel López Obrador un liderazgo transformador, y que ha sido confirmado con la misma fuerza de la voluntad popular con la llegada de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo a la Presidencia de la República.

 

Mi compromiso con la izquierda y con este movimiento es absoluto, pero más allá de las trincheras ideológicas, convoco a que este Senado sea un espacio de debate real y de altura, donde con libertad las ideas fluyan, sin odio, sin racismo, sin clasismo y sin machismo. Nada de eso debe manchar el intercambio democrático en esta Cámara.

 

Estamos conmemorando 200 años de la instalación del primer Senado de la República cuando nuestra primera Constitución estableció un Poder Legislativo bicameral, y el próximo 17 de septiembre celebraremos 150 años de su restauración tras haber sido suprimido durante 17 años.

 

Estos aniversarios no son pieza de museo, son un recordatorio vivo de que el Legislativo debe ser fuerte, responsable, y cercano a la gente, porque el pueblo hoy, más que nunca, nos mira, nos escucha y evalúa nuestro trabajo.

 

En este momento rendimos homenaje a Valentín Gómez Farías, quien presidió la primera asamblea de esta Cámara y señaló con firmeza la necesidad de combatir privilegios y garantizar educación para todas y todos los mexicanos.

 

Por lo tanto, quiero decirles que nuestro parlamento debe ser un parlamento progresista. Y en este sentido, estaremos comprometidos para legislar por la igualdad, por la justicia social, y la libertad de expresión y pensamiento.

 

Compañeras y compañeros, honrar a quienes nos antecedieron en esta larga lucha, no es sólo citarlos, es encarnar sus principios en cada ley que aprobamos, en cada debate que sostenemos, y en cada decisión que tomamos, porque, como dijera el Quijote de la Mancha, “por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”.

 

Con la fuerza de nuestro pasado, la responsabilidad de nuestro presente y la esperanza del México que queremos, mantengamos este Senado no sólo como la Casa del Federalismo, sino como la casa de la razón, la justicia y la dignidad. Con debates que fortalezcan la democracia, y con acuerdos que respondan al interés público.

 

Sigamos haciendo historia, porque nos debemos al pueblo, seguiremos transformando esta nación con energía.

 

¡Con el pueblo todo, sin el pueblo nada!

 

Muchas gracias.